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A 30 AÑOS DEL MUNDIAL 78
Una de mis mayores amarguras
El orgullo de un cuento dedicado
Perro muerto,
de Fernando Díaz
Empezaba el Mundial 78 y sentía una mezcla de euforia, ansiedad y
desazón a la vez. Desde pibe había soñado con ver un mundial y se
hacía realidad. Tenía en mi poder el paquete de 7 entradas que me
habilitaba a presenciar los 6 partidos en la Subsede Rosario y la
final en Buenos Aires.Ver esta clase de eventos, hoy es una
posibilidad cierta y accesible para mucha gente.Tiempo atrás era
imposible para la gran mayoría y a eso se le agregaba la falta de
adelantos técnicos que hoy existen en cuanto a lo que ofrecen la TV,
pantallas gigantes, cines, etc.
Eran tiempos de dictadura y el país atravesaba una de las peores
etapas de la represión.El gobierno militar acentuaba la presión y
mentiras propagandísticas para ocultar lo que en el exterior era
sabido y aquí se tapaba o ninguneaba.En ese contexto, llegaba el
Mundial con la Argentina de Menotti a la cabeza.En la etapa de
preparación,se habían prohibidos las ventas al exterior de los
jugadores seleccionados y los medios periodísticos no podían opinar
en contra so pena de sufrir serias consecuencias.
El entusiasmo inicial que tenía, comenzaba a desinflarse ya que como
muchos argentinos en esa época, veía y me enteraba de situaciones
terribles, difíciles de imaginar contra compatriotas, en muchos
casos amigos, vecinos, compañeros de estudios y trabajo.Dolía
la negativa de muchos en reconocer lo que se vivía y el “por algo
será” empezó a ser el cobarde latiguillo que se fomentaba desde
las altas esferas de la dictadura hasta el más humilde de los
argentinos.
Así comenzó el evento y empecé a sufrir una lucha interna que me
costó horrores poder manejarla.Hinchaba por el seleccionado
nacional pero me dolía la anestesia que cubría a la mayoría
de la gente.Ganaba la selección y me molestaba la alegría de todos
los que salían a festejar con miles personas buscando a familiares
desaparecidos.Por otro lado, sentía bronca por el técnico
albiceleste de quien hubiera esperado alguna posición mas jugada
de acuerdo a lo que siempre pregonó.De los jugadores no se podía
esperar nada, generalmente y en esas circunstancias mas
todavía, no son afectos a inmiscuirse en temas sociales.
Pasó la primera fase y Argentina se clasificó para la segunda.El
destino hizo que por salir segunda en su grupo fuera a Rosario,
justo donde yo tenia las entradas compradas.Concurri al primer
partido versus Polonia con ese sentimiento dual que me atosigaba:
que gane, que pierda, que gane, que pierda.Todo un
suplicio!Estaba en el estadio con una posición muy egoísta :
quería que todos tuvieran la misma bronca que yo tenia contra la
Junta Militar.Y pensaba que cuando entraran los comandantes al
palco, una tremenda silbatina los recibiría y entonces me sentiría
reconfortado hasta unificar mis deseos en uno solo: que gane
Argentina.
No fue asi,no hubo rechifla o abucheo generalizado y hasta fui
observado con severas miradas de mis ocasionales vecinos de platea,
ante mis gruesos insultos a los generales.No obstante, esperaba
ilusamente que durante el transcurso del partido la muchedumbre
replicara con el grito popular de “se va acabar,se va acabar,la
dictadura militar”.Nada de eso ocurrió, tuve la sensación de
estar en la tribuna de nuestros rivales de Arroyito siendo hincha de
Newell`s,era un extraño entre 40000 personas que pensaban distinto
.A partir de ese momento ya no había dudas, quería que el
seleccionado pierda, que el pueblo argentino no goce con
un triunfo futbolistico.Me sentí muy mal de pensar así pero cuando
lo razonaba, sentía una paz interior.
Entonces, no fui al partido con Brasil-regalé la entrada que
cotizaba fortuna- y concurrí a ultima hora al juego con Perú
creyendo que después del resultado de los brasileros, Argentina
quedaba afuera.Queria ver a los comandantes irse con la cabeza
gacha.Triunfó el seleccionado local en un partido muy sospechado y
solo quedaba la final.Me torturaba la idea de ver a la Junta Militar
entregando la Copa y los jugadores argentinos recibiéndola como si
nada.Me costaba alinear mi bronca y sentirme rarísimo al querer que
gane Holanda.Siempre esperé ver una final con Argentina jugándola y
resulta que no quería presenciarla y además que pierda, un horror!
En esa oportunidad vendí la entrada y llegado la hora del encuentro
me interné en un hotel tratando de estar ausente del clima que se
vivía.Ciento veinte minutos que fueron un siglo, los gritos igual se
colaban en la habitación y mi corazón latía a mil.Esa
sensación solo la viví después en el tiempo con los penales en la
final de América de Newell´s con el San Pablo.Terminó el partido y
la gente salió a festejar.Miles y miles de personas que iban al
Monumento a la Bandera con sus banderas y bocinazos.
Salí del hotel y sentí como si me hubiera aplastado un
elefante.Lloré de impotencia, recordé cuando pibe deseaba llegar a
esta instancia y en ese momento odiaba como se dió.Así como nunca
más pude ver imágenes de la final de Ñubel en Brasil, tampoco vi ni
lo haré seguro, nada que tenga que ver con el Mundial 78.Por razones
muy distintas pero con el mismo sentimiento: impotencia, tristeza,
amargura, rabia.
Casi 3 años después, previo a la Semana Santa, mandé una carta-manuscrita
entonces-a Osvaldo Ardizzone,prestigioso periodista de la
revista Goles.Me encontraba sin trabajo ya que me había fracturado
una pierna jugando al fútbol y mis tareas eran independientes.En la
nota le contaba mis vivencias sobre el Mundial y Ardizzone tuvo la
deferencia de dedicarme un cuento sobre las Pascuas tomando como
base mi relato.En ese momento de malaria en mi vida,leerlo
fue una bendicion.El final de mi carta habia sido “Chau,
Felices Pascuas” cuando ese saludo tenia otras connotaciones!
Roberto Benedetto
Semana Santa
CUENTO DE OSVALDO ARDIZZONE
http://www.buenosairessos.com/articulo-244.html
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