|
Un taxi hasta el arquero.
- de Fernando Tebele -
Ese preciso momento. El instante exacto en que la pelota ingresó
a nuestro arco luego de que le entregué un pase incorrecto
al arquero, y el oportuno delantero rival se aprovechó de
mi error. Ese lapso que se prolongó durante diez segundos
eternos, quisiera quitarlo de mi vida para siempre. Es la tristeza
más terrible que me dio el fútbol. Además,
significó la derrota del equipo, y nos colocó en un
lugar preocupante para la permanencia en la categoría.
¡Y, para colmo, me tengo que bancar el apriete de semejante
infeliz! Cuando vi que se acercaba hasta mí, mientras intentaba
salir del club luego del entrenamiento, imaginé lo que finalmente
sucedería.
El “Corcho” Roberto es uno de los hinchas más
conocidos de la barra. De aquellos a los que, en el ambiente del
fútbol, protegemos como “hinchas caracterizados”.
“Sí, caracterizados como delincuentes”, suelo
decir casi en silencio, cuando nadie me escucha. Es petiso pero
mete miedo porque todos conocemos al cuchillo que guarda en su cintura.
Es temerario. Pasó ocho meses en Devoto por robo a mano armada
y, al salir, continuó por el mismo camino como si nada hubiese
ocurrido. Creo que no tiene nada que perder. Creo que no pretendo
comprobarlo.
Lo cierto es que, al atravesar la puerta del vestuario, en el pasillo
donde habitualmente nos esperan los periodistas después de
los partidos; el cruce se hizo inevitable. Avancé e intenté
saludarlo como ocurría cotidianamente, intentando actuar
con normalidad. Pero el “Corcho” respondió colocando
en la cara su gesto de maldad más expresivo e intimidatorio.
Me miró a los ojos con firmeza y dijo:
- Che, Mariossi, andan comentando que fuiste para atrás.
Vos sabés, Orlando, aunque ahora juegues para otro cuadro,
que cuando en el club comienza a andar una acusación semejante,
se hace difícil quitar esa carga de la espalda.
Si uno pudiera darle a él, o a otros que tienen pensamientos
similares, un resumen de mis gastos mensuales y decirles crudamente
cual es mi sueldo (sé que en este momento recibiría
por toda respuesta: “¡y encima te pagan!”), entenderían
mi urgencia de cobrar algún premio por partido ganado. Además,
si nos fuésemos a la C, con mis veintinueve años,
no volvería a subir de categoría ni por escaleras
mecánicas. ¿Acaso no les parecerían, al menos,
un par de razones comprensibles para respaldar mi deseo de ganar?
- Oíme “Corcho”, – le dije mientras intentaba
que el temor no se apoderara definitivamente de mí –
soy el primero en admitir que me equivoqué. Tengo una leche
impresionante y me voy a desquitar en los próximos partidos.
Orlando, vos jugaste conmigo y te convertiste en amigo. Por eso
te confío lo que pasó. No puedo acudir a la prensa,
ya viste como son los periodistas, y qué carajo de denuncia
voy a hacer si luego no pasa nada y el que queda escrachado soy
yo.
Al final de la charla, el “Corcho” se fue aflojando.
Varió su postura, sobre todo cuando acepté su proposición:
el próximo fin de semana, mi cuota para que la barra se movilice
se transformará al doble.
Lo único que espero es que no me molesten más. No
quiero que se metan con mi familia. Por las dudas, ante el próximo
pase que le tenga que ceder al arquero, la pelota va en taxi hasta
sus manos. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Este cuento fue publicado originalmente en la revista El tablón.
Fernando Tebele, su autor, es periodista. Publicó ”Detrás
del arco”, un libro de cuentos de fútbol que se puede
conseguir en librerías Yenny-El ateneo o solicitándolo
a detrasdelarco@movi.com.ar
Actualmente se lo puede escuchar los miércoles a las 22Hs.
en am770, en el programa La retaguardia.
Para contactarlo: lellegaatebele@yahoo.com.ar
|